Contrato Social por la Educación

¿Cuánto durará el buen trato?

Por: Alfredo Astorga

En estos días de reinicio de clases nos llegan variados discursos.  Unos esperanzadores sobre nuevos planes de estudio, promesas salvadoras, borrón y cuenta nueva.  Otros lacerantes sobre las dificultades de la mayoría de familias frente a los cupos y a los nuevos gastos de ropa, zapatos, mochilas, útiles escolares.  Algunos más sobre los descontentos de los maestros por salarios, cambios inconsultos, problemas de infraestructura y equipamiento.  En el medio, los niños y jóvenes se aprestan a volver a las aulas con una mezcla de expectativa por encontrarse con amigos del alma y recelos por nuevos profesores, rutinas y exigencias.  Ansiedad por terminar las vacaciones, ansiedad por los reencuentros.

Uno de los temas que lastimosamente poco o nada se toca en estos tiempos, es el del trato a los estudiantes, tanto el mal-trato bastante generalizado, como el buen-trato extremadamente escaso.  Parece no existir sino para pocas personas, para contados funcionarios ministeriales, para pocos maestros y administradores, para algunas madres y padres de familia. Importa sí para innumerables chicos aunque hablen poco del tema y para bastantes “niñólogos” carentes de poder. El asunto del mal-trato tiende a volverse invisible, natural.

Sin embargo el maltrato a los estudiantes sigue ahí con su carga de amenazas, castigos y discriminaciones.  Se filtra en las aulas y en su cultura verticalista y excluyente.  Se instala en las relaciones generales entre adultos y estudiantes en la vida escolar en general.  Se expresa de múltiples formas: burlas, gritos, golpes, apodos, privaciones, prohibiciones de expresarse, humillaciones, trabajos extras, ejercicios extenuantes, secuestro de pertenencias, disminución de notas, chantajes, estigmatizaciones ante los compañeros, las familias y las autoridades.  El inventario puede crecer mucho, y lastimosamente, mucho más que las muestras de buen trato, de reconocimiento a los estudiantes como personas.

Proponemos un nuevo inicio de clases, aprovechando que suele empezar con buenas relaciones.  Un inicio con un inventario de malos tratos para hacer consciencia y echarlos simbólicamente al tacho de la basura.  Y proponemos también un esfuerzo por alargar los buenos tratos que afloran estos días, un esfuerzo por estirarlos al máximo, por extenderlos en tiempo y calidad…  Una nueva manera de avanzar en la calidad de la educación que tanto se habla…  Preguntamos entonces a las escuelas,  ¿cuánto tiempo durará el buen trato? ¿será vencido en corto tiempo por la disciplina y la rutina? ¿será más largo y placentero que el año anterior?

 

 

Contrato Social por la Educación en el Ecuador

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