Contrato Social por la Educación

Postura del CSE frente al BGU

Quito, 19 julio de 2011

 

Señora

Gloria Vidal

Ministra de Educación

Presente.

 

De nuestras consideraciones:

Reciba un cordial saludo de quienes formamos el Contrato Social por la Educación (CSE), movimiento ciudadano amplio, diverso y pluralista que tiene por finalidad apoyar la construcción colectiva de políticas públicas y vigilar su cumplimiento, para garantizar el derecho humano a una educación de calidad a todas las personas a lo largo de su vida.

En este sentido, nuestro movimiento ha desarrollado espacios de debate, reflexión y análisis respecto de la propuesta de Bachillerato General Unificado (BGU) elaborada por el Ministerio de Educación (ME)[1].

El bachillerato vigente no responde a las demandas de los tiempos actuales y requiere de profundos cambios; por ello, consideramos que la iniciativa del ME de reformar este nivel de estudios es acertada ya que beneficiará a los adolescentes y jóvenes, así como al desarrollo del país.

Sin embargo de la importancia y atención inmediata que requieren este nivel educativo y este segmento de población, a la luz de un enfoque de derechos, nos permitimos compartir con usted los siguientes comentarios y sugerencias que podrían ayudar al afinamiento de la propuesta y a la reducción de costos y conflictos en su ejecución.

1. Principios y definiciones:

La propuesta del BGU presenta un destacado esfuerzo, sobre todo en términos teóricos, por definir algunas bases conceptuales del bachillerato en el Ecuador. Dentro de ella es acertada la decisión de establecer un tronco común de conocimientos para todos los estudiantes del país (lo que les brinda mayores oportunidades para su vida universitaria o laboral, según el caso) y de impulsar la “especialización” en el último año, eliminando una definición muy temprana que pudiera en lo futuro incidir en un probable fracaso educativo o profesional.

Sin embargo aún es necesario ajustar otros aspectos tanto teóricos y de principios, como de “aterrizaje” de los mismos en el proceso de aplicación de la propuesta.

1.1.         La propuesta del BGU tiene un enfoque “adultocéntrico” expresado en criterios en los que no se valora la etapa de vida (adolescencia y juventud) como  un momento significativo en sí mismo, sino que se la ve como una fase de transición a la adultez. Esta perspectiva, por un lado desatiende las demandas y expectativas que en concreto la adolescencia y juventud tienen en ese espacio de su vida pues las desvaloriza por no ser importantes, ya que lo relevante es el futuro y no el presente; y, por otro, concibe como el estadio que hay que alcanzar es la adultez. Entonces hay que prepararse para la vida adulta “responsable” y “productiva”.

1.2      La propuesta del BGU en su parte teórica, asertivamente elabora  análisis respecto a la importancia de la inter y multidisciplinariedad, sin embargo cuando el proyecto detalla aspectos metodológicos y curriculares, nuevamente da énfasis en las disciplinas segmentadas y compartimentadas. Indudablemente, apostar por un enfoque más holístico e integrado de los contenidos educativos implica una desafiante apuesta por materias con contenidos actualizados y entrelazados y por el desarrollo de instrumentos didácticos flexibles y novedosos.

1.3      Asimismo, los criterios de inter y multidisciplinariedad son importantes, pero los pesos de las materias a la hora de construir la malla curricular aún requieren de mayores precisiones o, lo que es peor existen ausencias o sobredimensionamiento de materias. Por ejemplo, se encuentra una amplitud en el tratamiento de los temas de comunicación (redacción, lectura crítica de imágenes, etc.) y limitada profundización en filosofía o historia.

1.4      Se encuentra en la propuesta un potencial desencuentro entre las categorías de aprendizaje con el diseño curricular; consideramos que las dimensiones del aprender a conocer, a ser, a hacer y a convivir, son transversales al proceso educativo, no opciones que derivan en materias específicas, pues estos grandes objetivos deben ser logrados tanto en el conjunto como en cada una de las materias y contenidos educativos.

1.5      La eliminación de la Historia en el currículo de la propuesta original del BGU fue un error. La rectificación realizada por el Ministerio de Educación al recolocar esta materia tan influyente en la nueva versión es un acierto. Cabe esperar que se ponga en consideración de la comunidad educativa y académica el enfoque y contenido de la materia de Historia y ciencias sociales para desarrollar un debate y llegar a los compromisos correspondientes que involucren a los historiadores, a los centros de investigación y a los docentes.

1.6      El BGU  podría inaugurar en el país un modelo de gestión diferente, más abierto e inclusivo. En este sentido, no solo es necesario pensar en establecimientos educativos abiertos para “recibir” aportes de contenidos y de profesionales para introducirlos al aula; sino que sobre todo la escuela debe estar abierta a la comunidad y que, más allá del aula física, los estudiantes puedan hacer el hecho educativo en sus comunidades.

Se plantea establecer una relación dinámica entre escuela, territorio y comunidad. La escuela aprovecha de la comunidad y el territorio y la comunidad se apropia de la escuela. Por ejemplo, las posibles “campañas” y “proyectos” (de reciclaje, de concienciación, etc.) no se circunscriben a la escuela o al aula, sino a su comunidad; es con ella que la practican. Los posibles “profesores” de un área técnica u oficio, bien pueden ser los talleres y lugares de la comunidad (taller automotriz, sastrería, panadería, el taller de un pintor que viva en el barrio, la propia biblioteca de un escritor que en la comunidad se cuente). Si cabe la metáfora, la escuela no es la que tiene las puertas abiertas para ingresar en ella, sino es la que no tiene muros y, por tanto, la comunidad en su conjunto se convierte en un espacio educador. Hablamos, entonces, del desarrollo de la “sociedad educadora”.

De este modo, la vinculación y articulación entre escuela y comunidad no solo es un aspecto operativo, sino también conceptual, y debe estar referido en el desarrollo teórico de la propuesta.

En base a esto el CSE a propósito del BGU plantea que esta es la oportunidad no solo de levantar una reforma curricular, sino de impulsar una transformación educativa, territorial y social, que involucraría como aliados a otros actores como los gobiernos autónomos descentralizados, en particular a los municipios. En tal sentido a corto plazo se requería de eventuales cambios en la LOEI y en la Constitución en lo que respecta a procurar mayor participación de los gobiernos locales en la construcción y ejecución de la política educativa en el marco del desarrollo local.

2. Capacidad Instalada:

El país no cuenta con la capacidad de recursos, sobre todo técnicos y humanos, para responder a la importante apuesta que plantea el BGU; en este sentido, es preciso desarrollar iniciativas que fortalezcan el recurso humano que brinden las destrezas necesarias para enfrentar el reto, tomando en cuenta que gran parte de la propuesta de reforma del bachillerato tendrá que ser asumida por el personal docente y las autoridades de los establecimiento educativos.

Específicamente, una nueva apuesta pedagógica y metodológica, que implica un cambio de paradigma en los procesos educativos, requiere de un adecuado involucramiento de los maestros y maestras, razón por la cual, mal podría implementarse por el momento esta iniciativa de manera universal, cuando nuestro recurso humano apenas conoce de la iniciativa.

La actualización y desarrollo curricular debe ser un ejercicio igualmente progresivo y secuencial, razón por la cual la propuesta de un plan de implementación por etapas, es potencialmente más beneficioso.

Por otro lado, buena parte de los establecimientos educativos, no cuentan necesariamente con los espacios físicos requeridos por la propuesta. El déficit de infraestructura se presenta como un desafío a ser enfrentado en los próximos años. En este aspecto la alianza del ME con los municipios es inevitable.

Aplicación progresiva:

Siendo el BGU una propuesta en construcción, mal puede ser implementada de manera universal el próximo mes de septiembre. Se requiere de mayor debate para pulir y completar el proyecto. Es recomendable también que se ensaye un plan progresivo que incorpore una experiencia piloto en un determinado número de establecimientos, cuya experiencia y validación sirvan para su proyección nacional.

El plan de implementación progresiva  demanda de un acuerdo con los diferentes actores de la comunidad educativa a fin de mitigar los problemas que puedan surgir y realizar los ajustes que toda política en construcción demanda.

El plan piloto desde septiembre y la implementación progresiva hacia su universalización en varios años es también una salida  al rígido mandato que respecto del inicio del bachillerato fijado por la Ley Orgánica de Educación Intercultural para el año lectivo 2011-2012. Esto permitirá no incurrir en la inobservancia de ley y bajar los riesgos de un probable fracaso.

Señora Ministra, esperamos que los comentarios, criterios y sugerencias realizados en esta carta sean procesados y escuchados por el ME en beneficio de los estudiantes de nuestro país y de la calidad educativa que merecen recibir.

Con mi consideración y estima,

Milton Luna Tamayo

Coordinador Nacional

Contrato Social por la Educación

 

[1] Los comentarios de esta carta son vertidos en base del documento publicado en la página www.educación.gob.ec: Nuevo Bachillerato Ecuatoriano. Ministerio de Educación. Octubre 2010.

 

 

Contrato Social por la Educación en el Ecuador

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