Contrato Social por la Educación

Reflexiones: ANTE UNA EDUCACIÓN VIRTUAL SIN HORIZONTES, CONFIAR EN LOS MAESTROS

ANTE UNA EDUCACIÓN VIRTUAL SIN HORIZONTES, CONFIAR EN LOS MAESTROS

Rosemarie Terán Najas

Universidad Andina Simón Bolívar

La transición a la educación virtual en el contexto de la pandemia por el Covid19 ha develado las grandes falencias del sistema escolar ecuatoriano. La dificultad de hacer ese tránsito no solo tiene que ver con las consecuencias caóticas de haber intentado sin éxito generalizar de manera acelerada e improvisada la enseñanza digital, sino con factores de fondo que ponen en entredicho la capacidad de las autoridades para enfrentar la emergencia con creatividad, flexibilidad y sin generar procesos de exclusión social. Frente a la realidad del 30% de estudiantes sin conexión, la escolarización universal por la vía virtual se convierte en una ficción y la educación pública pierde su significado incluyente. De hecho, los estudiantes menos favorecidos se ven obligados a aprender por chat y resolver sus tareas en minúsculas pantallas que no generan los procesos de socialización, empatía e interacción que brindaba la educación presencial y que son factores determinantes de los aprendizajes.

Es indiscutible que el paso a la modalidad virtual representa un reto muy complejo en el contexto de emergencia sanitaria que vivimos. Pero es inaceptable que este nuevo escenario no haya incitado a las autoridades a repensar la educación desde un ejercicio de autocrítica, que permita advertir problemas crónicos ya existentes antes de la pandemia y que, a la vez, abra posibilidades de cambio hacia una educación más justa y redistributiva en términos sociales, en la cual las Tics no sean un medio de discriminación. Esto significa, entre otras cosas, revalorizar y resignificar el rol del docente, ahora convertido en una pieza más de la gran maquinaria escolar que la cuarentena ha dejado al desnudo. Excesiva burocratización de los procesos, exigencias desmedidas sobre docentes y estudiantes a través de estándares que privilegian la evaluación instrumental por sobre los aprendizajes, un pésimo currículo que no permite una equitativa distribución social de los conocimientos.

De hecho, en medio de la cuarentena estos defectos se han potencializado. Las autoridades imponen inaceptables medidas que enfatizan en aspectos burocráticos y de control, cuya razón de ser no es educativa sino de legitimación de la autoridad. Todo el sistema, incluida la gendarmería representada por los centros distritales, se ha puesto al servicio de exigir a los maestros infinidad de tareas basadas en razones simplemente burocráticas: evidencias, cumplimiento de horas zoom, portafolios sin sentido, planificaciones estandarizadas en formatos interminables. Los maestros cargan sobre sus hombros los efectos de la atropellada y poco reflexiva transición a la educación virtual impulsada por el Ministerio. Con sus sueldos rebajados y en peligro constante de ser despedidos, y hasta criticados por familias que ahora reclaman su papel en la enseñanza formal de sus hijos, tienen que dar la cara frente a las arbitrarias medidas que llegan desde arriba.

En esta perspectiva, urge encontrar un sentido distinto del quehacer educativo, que no radique en la “razón instrumental” tecnocrática, sino en la “razón pedagógica”. En tal virtud, los maestros deberían ser considerados agentes de cambio y protagonistas de primer orden para generar una discusión pública que aborde los problemas de la transición a la educación virtual. Las preguntas que articulen el debate deberán ser tan profundas y radicales como la profundidad del problema educativo al que nos vemos abocados. Entre las múltiples interrogantes que sin duda surgirán, son las siguientes las que requieren inmediatas respuestas: ¿Cómo repensar la educación pública en modalidad virtual no presencial? ¿Qué significa ser docente en medio de la cuarentena, y tener que resolver al mismo tiempo tanto la sobrevivencia cotidiana como las presiones laborales? ¿Qué transformaciones curriculares y pedagógicas se requieren para recrear la relación maestro-alumno en la educación en línea? ¿Cómo afianzar el carácter humano de esa relación para evitar la instrumentalización de la enseñanza? ¿Qué cambios requiere el sistema escolar y el Ministerio para transitar a un modelo de gestión que entregue confianza y capacidad de decisión a maestros y centros educativos, que son los actores más cercanos al estudiante y más aptos para salvar el distanciamiento social?

 

 

 

Contrato Social por la Educación en el Ecuador

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