Contrato Social por la Educación

Reflexiones: DE AVALANCHAS, ROBOTS Y DOCENTES

DE AVALANCHAS, ROBOTS Y DOCENTES

Roque Iturralde - Edupasión

Lo que pasó una vez declarada esta pandemia es comparable con el caótico, creciente, tumultuoso, incontrolable flujo de un alud, de una montaña que se derrumba, de una avalancha que no para.

Urgidos por encontrar formas de enfrentar la crisis desatada, tratamos de pasar de agoreros del apocalipsis a contenedores de las emociones y a sabios inventores de las soluciones más ingeniosas, más oportunas y más asombrosas.  Nos volvimos, todos y cada uno de nosotros, expertos en decir qué hacer, cómo y cuándo hacerlo.

Enfocados en el problema de la salud y el impacto económico de la tragedia, dejamos la gigante afectación sufrida por el sector educativo en manos de los especialistas en educación. Con una celeridad jamás demostrada por autoridades y gestores en la “normalidad”, surgieron medidas (que no soluciones) de manera inmediata.  Entre ellas, la tecnología de la comunicación digital, invento al que todavía no acabamos de entender, emergió heroica como la panacea que habría de resolver el problema con un simple click.  Era casi lógico que así fuera, parecía ser el único recurso plausible, a la mano, inmediato, de “dominio público”.

Ahora, que corre ya el cuarto mes de pandemia, podemos ver con un poquito de ¿calma? y comprender algunas cosas:

*  Que la virtualidad no es la panacea, entre otras cosas porque asienta las diferencias, las inequidades.  El acceso a internet de mediana calidad es sumamente limitado, en particular en los sectores más pobres y de modo dramático en la ruralidad. Solo el 17% de los niños y niñas en el sector rural tienen mediano acceso a internet.

*  Que los docentes son docentes y los padres de familia son padres de familia.  Sus roles no son intercambiables y no pueden ser reemplazados los unos por los otros, si bien el auxilio temporal es totalmente pertinente.

*  Que un modelo educativo basado en la virtualidad no es sostenible sino para muy pocos casos.

* Que el enfoque curriculista de nuestro modelo de educación no es práctico, funcional ni eficiente en condiciones de emergencia.

* Que no está muy claro para todos lo que significa educación en la emergencia, educación en casa, educación a distancia, educación formal, educación no formal, educación informal y que en situaciones como la que vivimos todo se mezcló y se confundió.

* Que las excelentes intenciones de los técnicos y de las autoridades ni en las situaciones más críticas logran romper el cerco de un modelo de administración pública aplastante y lento.

Pero quizá, el aprendizaje más profundo, que empieza a calar en la población, es la comprensión de que la educación se fundamenta en lo relacional; que los aprendices aman (o detestan)  la forma en que el maestro transmite sus saberes, que los docentes aprenden todos los días de mirar a sus estudiantes, que por muy eficiente y económico que pudiera parecer, jamás una aplicación o un chatbot reemplazará esa pedagogía que solo es posible en la relación entre las personas y que es eso, no el currículo, no las notas, no el pase de año, lo que está en juego y lo que debemos proteger, más que nunca ahora.

 

 

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